Boda
Gris Plácido Acevedo
Sabrá Dios lo que pensabas en aquella triste
noche ante el altar de la iglesia cuando, vestida de novia, te
entregabas a otro hombre con la bendición nupcial. Me dijeron
que tus ojos se nublaron con el llanto y que estabas
temblorosa, que parecías una virgen con tu corona de azahares escapada
del altar. Esa noche de tu boda fue
la noche de mi muerte, murieron mis esperanzas; y aunque
hubiera deseado contemplarte desde lejos, contemplarte y nada
más, temeroso que pasara por mi mente acalorada sabe
Dios si una venganza, corrí lejos de la iglesia a llorar mi
desventura junto a la orilla del mar. Me
dijeron tantas cosas, quizás por mortificarme, y muy dentro
de mi alma sentí una gran humillación. Te deseo que seas
dichosa y que en el día de mañana no vayas a arrepentirte por
tu fatal decisión.
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