Boda Gris
Plácido Acevedo

Sabrá Dios lo que pensabas 
en aquella triste noche 
ante el altar de la iglesia 
cuando, vestida de novia, 
te entregabas a otro hombre 
con la bendición nupcial. 
Me dijeron que tus ojos 
se nublaron con el llanto 
y que estabas temblorosa, 
que parecías una virgen 
con tu corona de azahares 
escapada del altar. 

Esa noche de tu boda 
fue la noche de mi muerte, 
murieron mis esperanzas; 
y aunque hubiera deseado 
contemplarte desde lejos, 
contemplarte y nada más, 
temeroso que pasara 
por mi mente acalorada 
sabe Dios si una venganza, 
corrí lejos de la iglesia 
a llorar mi desventura 
junto a la orilla del mar. 

Me dijeron tantas cosas, 
quizás por mortificarme, 
y muy dentro de mi alma sentí 
una gran humillación. 
Te deseo que seas dichosa 
y que en el día de mañana 
no vayas a arrepentirte 
por tu fatal decisión.